EJERCICIO ABRIL/MAYO PARA BLOG ADICTOSALAESCRITURA.

Escrito por gabrielapavinski 18-05-2015 en microrrelato. Comentarios (0)

DESARROLLA EL MICRO:

Este ejercicio consta de dos partes explicadas en el post anterior. Así que, sin más dilación, procederé a pegar la primera parte del microrrelato que me ha tocado de la pluma de María Orgaz que, como tiene algo de seguridad extraña, supongo que para evitar plagios, no puedo copiar y pegar el principio de su relato y me niego a copiarlo a mano.  Así pues os dejo el link de la primera parte del relato de Leire  http://marru86.blogspot.com.es/2015/04/microrrelato-abril-adictos-la-escritura.html?m=1#more 

MICRORRELATO: LEIRE 

En la cena sus ojos verdes fueron protagonistas y laureados, tanto, que hasta a Leire ya le costaba creer que fueran sus ojos. La carne de bistec, como segundo plato, vino aderezado de las mejores palabras de amor que le pudiera haber dicho un ser humano. Todo era perfecto, incluso su trabajo de guardia de seguridad era de su agrado. Su cuerpo viajaba en una nube blanca mantenida por las palabras de Ricardo. Y cuando ya no podía ir mejor, el sexy y apuesto galán le entregó un pequeño regalo. Eran unos pendientes preciosos que se unían en perfecta sintonía con el color de su tez áurea como la de doña Dulcinea del Toboso. -¿Y estos pendientes?- Dijo Leire encantada y sorprendida a la vez. Ricardo la miró fijamente torciendo la sonrisa a un lado. – No lo sé, no lo sé, mira, cosas, tuvo que ser el destino encontrarte acorralada por un sucio atracador que todavía calzaba navaja y que yo fuera campeón de Ninjutsu y justo pasara por allí.- Hizo una pausa dramática mientras le cogía de la barbilla para que le mirara a los ojos. – Luego vi tus hermosos ojos verdes y me dije: Ricardo, esta es para ti. Y decidí que tenías que ser mía.- Leire no sabía dónde meterse entre tanto halago. No estaba muy acostumbrada a que, a pesar de sus ojos esmeralda, un hombre apuesto le hiciera tanto y tan buen caso. Sólo tuvo una única relación con un tal Javier, que vamos, digamos que no salió muy bien. – Son preciosos, muchísimas gracias Ricardo, pero, ¿No son demasiado caros? No podría aceptarlos.- -Shh, no te preocupes, puedo permitírmelo.- Y así terminaron el flan de café y entrelazándose ya sus manos.

Las tres primeras semanas Leire estaba que no estaba. Viajaba en una atmósfera ideal que sólo crecía de películas y libros largos. La primera semana, la llevó a un paseo en barca por L’albufera y le cayó un ramo de rosas blancas. Un ramo por cada semana. En la segunda, apareció Ricardo en su trabajo con el pertinente ramo de rosas blancas y la raptó a un viaje sorpresa e improvisado a Castellón, o como él dijo: “al final del planeta.” Ella no cabía en el asombro ni en el cúmulo de poesía y halagos. La tercera semana, Ricardo ya era dueño de su casa. Ya había restos de él y su cuerpo en el baño, en el comedor, en su cuarto y su olor en la cama ya había impregnado un par de cambios de sábanas.

Tras dos meses de excesiva glucosa en el ambiente enamorado, una noche, llegaron al piso de una breve cena con un par de amigos de Leire. -¿Qué te han parecido mis amigos?- Mientras él deja la chaqueta en cualquier lado con la cara medio seria medio de asco –Hombre, pues no me han hecho ni caso.- -¿Qué quieres decir?- - Naada, vamos a dejar el tema un rato.- Y se sentó en el  sofá a cambiar canales de televisión en silencio y asqueado. Leire intentó sacarle tema en alguna que otra ocasión para suavizar la tensión del ambiente, pero como si de un perro se tratara, Ricardo seguía con la mirada y el silencio clavados en su pantalla plana.

Querida Estela:

No sé por qué sigo escribiendo e-mails a amigos con la fórmula correcta de: Querida tal. Pero bueno, ya que estamos, no la quito. AAy Estela. ¡Estoy tan a gusto! Hoy hemos ido al  barrio judío y a los baños árabes, la verdad es que ha estado súper chulo. Ricardo se ha aburrido un poquito en estos sitios, así que hemos hecho una visita rápida y por lo menos nos ha dado tiempo a tomarnos un helado que cómo no, el señorito ha pagado. Tía, estoy en un sueño: no pago nada, me abren la puerta del coche, hoteles.... En tu mail me recriminabas que desde la cena no habíamos quedado y que de eso ya hacía un mes y pico, pero es que Estela… creo que me he enamorado. Ya sé que es muy pronto, pero tengo un pequeño pálpito, no sé si es su mirada, sus palabras, sus músculos, pero me siento una chiquilla. Es como si hubiera perdido la independencia puesto que mi seguridad la vela precisamente un guardia de seguridad y ya no tengo que preocuparme de nada. Y él me quiere. Lo sé, no para de decírmelo. De hecho, anoche, de repente, me paró en medio de una plaza, me cogió y me dijo: “Justo ahora hacemos cuatro meses enteros.” Tía, qué fuerte que se sabía la hora a la que me rescató de aquél ataque. Y después de decirme eso, me dijo que era la mujer de su vida, que lo tenía claro. Ayyy ¿A qué es un bonico!? Me tiene loquita. Bueno, paro de contarte cotilleos que si no cuando vuelva no tendré nada que contarte.  Volveremos la semana que viene, así que el martes sin falta te llamo. Un beso!!!

-¿Qué haces?- Leire cerró el portátil de un golpe del susto que le dio. -¡Qué susto me has dado joder! Pensaba que no estabas.- Con el gesto aguantando la acidez de la pregunta tras una sonrisa - ¿Que estabas haciendo algo malo? ¿A ver?- Fue corriendo como jugueteando con ella para abrir el portátil y ella, siguiendo el juego, intentó bloquearlo. De repente, al poco del forcejeo de broma, Ricardo apartó a Leire de un buen codazo. Ella cayó al suelo soltando el grito del codo en su bazo. Ricardo ni se inmutó. Abrió el ordenador y vio que había enviado un mail. Leire, en el suelo y cagándose en todo, le dijo: -Joder Ricardo! Me has hecho daño- Ricardo se dio cuenta de que Leire estaba en el suelo y tuvo la cortesía de preguntarle que qué hacía allí, que no le había apartado tan fuerte, que estaban jugando. Empezó a subir el tono de su alegría rozando lo irreal diciéndole que no pasaba nada. Que la quería, que fueran a aprovechar la mañana a ver cosas que sólo a ella le gustaran. -Cosas de arte y esas cosas, tu sabeh.-

A los seis meses, a pesar de que Ricardo ya mostró varias facetas siniestras hacia ella, Leire ya no veía ni a sus hermanos que vivían justo al lado. Se pasaba el día encerrada y acompañada en casa soñando todo lo que iban a hacer ella y Ricardo. Sus amigos intentaron decirle a gritos que aquello de que todo fuera tan rápido desde el principio, era como poco raro. Incluso la primera cita, después de la batalla, en aquél restaurant francés de vinos caros, resultaba bastante extraño.

Al año y pico, Leire todavía tardó otros dos años en poder dejarlo. Ahora vive tranquila y feliz apreciando que el amor no son palabras ni regalos caros.